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La forma muy frecuente es a través de productos de origen animal (carne, leche, cueros, etc.) procedentes de animales enfermos o portadores del virus, también a través de aerosoles, al respirar partículas de virus transportadas por el aire en lugares donde existen animales enfermos, que sueltan al ambiente masas de partículas virales que se adhieren a las moléculas del aire y son respiradas por animales susceptibles sanos. La otra manera de contagio la constituyen los llamados fómites, que no es otra cosa que la transmisión mecánica del virus pegado a las ropas, zapatos, utensilios, vehículos, embalajes, alimentos, etc. que se llevan de un lugar a otro, en donde existen animales susceptibles.
Cuando el animal se infecta, el virus tiene como primer lugar de afección el epitelio del conducto respiratorio superior, desde donde, durante las fases iniciales de la infección, incluso antes que se formen las vesículas, es eliminado en forma de aerosoles en grandes cantidades, especialmente en el bovino, lo que explica la rápida difusión de la enfermedad dentro de un hato. Posteriormente, como producto de una intensa virema (circulación del virus en la sangre), el virus se distribuye rápidamente por todo el organismo, especialmente durante las fases iniciales de la enfermedad.
El semen de los toros infectados con Fiebre Aftosa puede contener virus antes de la aparición de los síntomas clínicos de la enfermedad. Debido a la contaminación del semen, la Fiebre Aftosa puede ser transmitida por medio de la inseminación artificial.
ERRADICACIÓN Y CONTROL
Una vez la Fiebre Aftosa es detectada en un país libre de esta enfermedad, se requiere un control efectivo de movimiento de todos los animales susceptibles para prevenir su propagación. Los animales que se recuperan, tanto como los animales expuestos que no se han enfermado, pueden convertirse en portadores del virus por un periodo prolongado de tiempo. Además, se requiere tomar precauciones con otros animales, equipo de transporte e incluso humanos que pudieran portar el virus mecánicamente.
En países como el nuestro que nunca hemos tenido la enfermedad o los que están libres, si se presenta la Fiebre Aftosa se debe atacar con la intención de controlarla rápidamente e iniciar una campaña de erradicación mediante el método del “fusil sanitario”, que no es otra cosa que eliminar o sacrificar los animales infectados y todos los contactos directos, aunque aparenten estar sanos. Un aspecto fundamental es el control de la movilización de animales y personas en las zonas de un brote o aledañas a la misma.
Las vacunas pueden ser usadas para prevenir la propagación de Fiebre Aftosa en países donde sí existe la enfermedad, pero necesitan ser preparadas con el mismo tipo de virus y subtipo para ser efectivas. La protección provista por las vacunas es relativamente corta, así que se necesita repetirla la aplicación de éstas en intervalos regulares.
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